En medio de la batalla

Me encuentro en un momento en que mi situación se presenta en extremo desagradable, insoportable. Siento que de un momento a otro voy a perder el control. Mis ideas y mis pensamientos no cesan de provocarme más intranquilidad. Necesito una solución y la quiero ya.

Por un segundo recuerdo que fui inmerecidamente elegido y nombrado Guerrero de Dios, pero mis pensamientos en torno a soluciones forzadas, amañadas, manipuladoras y mentirosas de repente son más fuertes y se sobreponen a mi esperanza. Busco y busco dentro de mí sin encontrar nada, ¿que está pasando? Estos mismo pensamientos me dirigen como un reo cautivo a recordar derrotas pasadas, tentándome claramente a volver a utilizar esos recursos que alguna vez pensé ya se habían quedado en el pasado. Giran alrededor de mí aquellas máscaras que utilizaba para esconder mi verdadero rostro de fracasado, de un mediocre emocional, que ante la menor brisa, ésta la convertía en una tormenta en un vaso con agua.

Cuanto tiempo ha pasado desde que inició todo esto, segundos, minutos, realmente no sé, pero a mi esto se me ha hecho eterno.

¿Qué hago? Realmente no sé que hacer, no sé porqué, pero lo único en que puedo pensar es en el dolor que estoy sintiendo. Veo a mi alrededor y no encuentro nada que pueda ayudarme a salir de tan terrible estado. Por un instante me doy cuenta que estoy comenzando a buscar ayuda y de repente mi egoísmo se entromete y trata de convencerme de que no hay a quien recurrir, este pensamiento me obliga  a continuar buscando ayuda y es en este preciso momento que comienzo a comprender que me encuentro en medio de una batalla espiritual.

El enemigo no ha cesado de atacarme con ideas y pensamientos que me debilitan uno a uno, y en el momento en que la conciencia me permite recordar mi entrenamiento como legítimo Guerrero de Dios, sólo pienso en mi realidad, y comprendo que enfrentarme directamente al enemigo sólo resultará en un  vano esfuerzo, considerando la gran diferencia que existe entre el poder de mi atacante y la extrema debilidad de mi ser.

Con una actitud totalmente humilde comienzo a pedirle a Dios que me ayude con el violento combate que estoy enfrentando, sinceramente le expreso a Dios que sin su ayuda no voy a poder, que necesito de Él para no ser vencido, y así continúo hasta que concientemente vaya sientiendo cómo el mencionado ataque está perdiendo su fuerza, debo además aceptar sinceramente mi culpa por haberme descuidado y debilitado, y si puedo también, tener presente todo aquello que me llevó a cometer el error que propició semejante ataque.

Conforme vaya recuperando mi serenidad, voy agradeciendo a Dios por este nuevo triunfo sobre el enemigo, ya que la batalla que acabo de enfrentar fue llevada a cabo para evitar perder mi tranquilidad. Una vez vencido el enemigo, me hago conciente de que la victoria corresponde totalmente a Dios, porque sin Él seguramente el enemigo me hubiera destrozado y seguiría siendo su presa.

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Un comentario en “En medio de la batalla

  1. En esos momentos de angustia y desesperación hago caso omiso de que estoy en una lucha espiritual y con esto veo que el dardo de mi adversario fue certero al no pensar en que es un ataque directo.

    Ya se con lo leido anteriormente que debo ponerme en un estado de total humildad y honestidad reconociendo mi error y pidiendo ayuda.

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