El camino de Santiago

Se le llama camino a un trayecto definido entre un punto de partida y un destino específico y objetivo. Cuando el camino ya ha sido trazado y recorrido varias veces comprobando así su utilidad, el llegar al destino parece sencillo, pero en ocasiones no lo es debido a todos aquellos inconvenientes y obstáculos que se vayan presentando y nos detengan el avance para poder tomar decisiones sobre cómo salvar las contingencias y poder continuar.

Pero cuando cualquier camino comienza a trazarse, el asunto se complica porque siempre se estará en riesgo de extraviarse y perder tiempo valioso para localizar de nuevo la ruta correcta. Así es la vida de cualquier ser humano que empieza a vivir en el mundo y tiene que enfrentar todos los días su falta de conocimiento y experiencia para no salirse de la ruta correcta y en un momento determinado, cruzarse con un camino sólido y perfectamente trazado para llegar a un  destino correcto sin el riesgo a perderse durante la travesía y todavía mejor, si en este camino existen guías que vayan por delante.

El camino de Santiago inició en algún lugar de Antioquia, una región paisa en Colombia hace casi 16 años, donde en su más temprana edad se fue construyendo dentro de una cultura muy similar a la colombiana. Fueron siete años de ir abriendo camino viviendo cerca de la capital mexicana.

Debido a un desafortunado suceso, Santiago con sólo siete años de edad regresa con su madre a su Envigado natal. Siendo tan pequeño, cambió de un solo golpe las tortillas de maíz que se sirven en cada comida, por las arepas que son el equivalente colombiano. En estos primeros años en el colegio donde asistía, se le conoció cómo el mexicano.

La energía, la inocencia y las más diversas situaciones propias de un muchacho de su naturaleza, fueron construyendo un camino sobre ideas y conceptos poco sólidos, en ocasiones irreales y fantasiosos que sin saberlo éste comenzó a sostenerse sólo con el aire, lo que comenzó a causar peligrosas grietas poniendo en riesgo la ubicación real de su personalidad.

Aun cuando el camino se tambaleaba, Santiago siempre encontraba la manera de seguir sosteniéndolo. Había algo incomprensible en él, posiblemente que ni él sabía, pero era tal su necesidad de seguir avanzando sin cimientos, sin estructura, sin soporte, que inventaba todo tipo de soluciones para continuar su camino que a estas alturas más parecía un puente sujeto de quien sabe qué.

Las grietas comenzaron a doler, ya crujían y era muy difícil evitar que los demás se dieran cuenta, la situación se convirtió ahora en ansiosa y pronto se volvería angustiante. Santiago comenzaba a sufrir, pero no comprendía por qué si había seguido la ruta indicada, por qué se sentía así, en ocasiones los malestares desaparecían, pero en cuanto regresaban era una situación muy dolorosa y difícil de soportar.

Cada vez que alguna persona se interesaba en su situación y le preguntaba que le estaba pasando, Santiago aprovechaba el momento para ensayar el más falso papel que pudiera interpretar al contestar siempre que no le pasaba nada. Increíblemente soportaba tanto dolor y sufrimiento que llegó a pensar que la vida era así.

Pero llegó la ayuda, a sus apenas doce años de edad todo un gigantesco equipo de construcción en tan sólo unas horas, le mostró a Santiago la realidad, demolieron todo ese camino flotante, limpiaron totalmente la zona para que no quedara nada sucio, ni el más pequeño rastro de lo que allí existió alguna vez y construyeron un maravilloso camino nuevecito cómo debería de ser, perfectamente trazado, integrado sólidamente al suelo y directo al objetivo esperado. Santiago se sintió cómo nunca, conoció al mismo ingeniero que elaboró toda la obra, descansó de tanto peso que venía cargando, ya no existían todas aquellas grietas que tanto le dolían y sobre todo, reconoció por qué se había equivocado construyendo sólo una inmensa mentira, ya que los caminos no flotan.

Después de esta reconstrucción del camino de Santiago, el tiempo comenzó a pasar y desgraciadamente, él comenzó a olvidar lo sucedido. Visto a lo lejos, el camino comenzó a parecer más que una trayectoria, una línea trazada descuidadamente, sin rumbo, sin dirección, en ocasiones ancho, en otras angosto, regresaba sobre sí mismo, se elevaba de nuevo sin ninguna estructura que lo soportara, y ahora cada vez que se fracturaba, esa parte se venía abajo y al intentar reconstruirla ya no se sabía para qué.

Y la frustración hizo su presencia, acompañada de resentimientos y remordimientos, ya que en ese punto del camino, todos aquellos deseos parecían imposibles de ser una realidad, Santiago pasaba horas completas pensando cómo lograr satisfacer todos y cada uno de sus deseos racionales e irracionales, sin embargo parecía que el trazo de su camino a la hora de ver los resultados cambiaba bruscamente la dirección y no había nada que hacer. Es así que de frustración en frustración el camino de Santiago perdió toda dirección, cómo si de un laberinto sin salida se tratara.

Santiago ya no sabía que era lo que estaba sintiendo, no sabía si era ira, tristeza o miedo. Lo que si estaba seguro es que se sentía terriblemente mal y llegó a creer que no existía nadie que lo pudiera ayudar.

El tiempo siguió pasando y las cosas empeorando, y cómo por arte de magia, la ayuda volvió a aparecer. El ingeniero encargado del camino ahora no se presentó, pero envío a un guía experimentado que podría indicarle con toda seguridad a Santiago cómo construir su camino.

Inicialmente con una actitud testaruda, Santiago intentó manipular al guía para que con su ayuda pudiera satisfacer sus deseos egoístas, en vez de respetar la ruta indicada, pero no contó que el guía tenía instrucciones precisas para la construcción del camino correcto.

Se inició entonces una terrible lucha entre el ego agigantado de Santiago, el propio Santiago y el guía experimentado. Cada uno de los tres intentaba imponer cual era la ruta correcta, pero a quien menos caso se le hacía, increíblemente era al guía experimentado.

Cuando esto sucedía al guía no le quedaba más que esperar con tolerancia a que se presentaran los resultados y las consecuencias. En un determinado momento, incrédulo, comenzó a observar que el camino tomaba un sentido totalmente opuesto al indicado, y esto requería de mucho más recursos y energía, tanto así que realmente Santiago comenzaba a notarse exhausto.

El guía compadecido, le comentaba a Santiago que en esa parte lo mejor era construir hacia el Este y el camino lo dirigía hacia el Oeste, y si de momento el guía le comentaba que lo mejor para recuperar la ruta era construir hacia el Sur, el camino lo construía hacia el Norte. El guía experimentado sabía que Santiago estaba enloqueciendo.

Y llegó el momento que el propio ingeniero, intrigado por qué el camino de Santiago no se había encontrado con el camino ya construido que los llevaría directo al Destino, llamó al guía experimentado, quien muy apenado le exponía al ingeniero que no había podido convencer sobre todo al ego enfermo de Santiago, que ya se había extraviado y perdido el rumbo correcto. El ingeniero con planos en las manos, le extendió autoridad al guía experimentado para someter al ego sobre engrandecido de Santiago y si fuera necesario diluirlo al mínimo posible.

Reunidos, Santiago supremamente fatigado y aburrido, así cómo su ridículo ego, tuvieron que escuchar las razones y sobre todo las instrucciones del guía experimentado, y fue cuando en el preciso momento que el ego enfermo de Santiago intentó exponer sus razones, que éste fue totalmente diluido de inmediato ante la sorpresa del propio Santiago, que ante tal manifestación de autoridad, corrigió la dirección.

En muy poco tiempo se encontraron con el gran camino ya construido, perfectamente dirigido al Destino, conforme Santiago fue avanzando sobre él, comenzó a vivir un extraordinario y agradable cambio, físicamente se comenzó a reponer, mentalmente se sentía relajado y espiritualmente muy fortalecido.

Cuando por alguna razón se presentaba un obstáculo, Santiago muy inteligentemente ya no recurría a su perverso ego enfermo, convencido y con total confianza, sabía que lo mejor era recurrir al guía experimentado que el ingeniero le había asignado, reconociendo su capacidad y su total conocimiento del camino que ahora felices y seguros se encontraban recorriendo, el verdadero camino de Santiago.

Somos legítimos Guerreros de Dios y damos testimonio.

Ariel Cuadros, guía espiritual de Santiago nombrado directamente por Dios.

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