Al final del día

El día de hoy ha terminado para mí,  y me dispongo a dormir, pero con el tiempo he aprendido a través de mi tenaz entrenamiento que por mucho que necesite descansar, antes deberé tomarme un tiempo para revisar y comprender lo que hoy sucedió, sobre todo lo que respecta a la Voluntad de Dios para mí.

Comienzo a sentir a Dios en el ambiente y en mí mismo, humildemente y con la confianza de un hijo hacia su padre le comento mentalmente con total honestidad lo que me gustó del día y sobre todo le menciono a detalle lo que no me gustó. Si estoy conciente de la enseñanza sobre lo que no me gustó, se lo comento y si no entendí que fue lo que pasó, le pido que me ilumine al respecto.

Una vez que haya terminado con todo lo que considero importante decirle, me esfuerzo para agradecerle sinceramente por ese día que termina, y le pido que me siga concediendo la fortaleza suficiente para aceptar Su Voluntad.

Puedo agregar lo que me inspire mi espíritu para terminar. Así de sencillo.

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